Hace unos días leía en la contra de La Vanguardia una entrevista a Rafael Argullol, de la que me interesó especialmente la siguiente afirmación: He desarrollado una conciencia nómada, es decir, la idea de que la patria no es tanto el lugar donde uno ha nacido, sino lo que uno ha construido a través de lo que va rescatando tras los sucesivos naufragios.
Su afirmación sobre “rescatar de los sucesivos naufragios” me ha llevado a imaginarme la vida como una travesía marítima, en la que pueden éstos sucederse. Supongo que todos esperaríamos un viaje apacible, sin inconvenientes, pasando por diferentes etapas hasta llegar a un destino final. Sí, tormentas habrá, pero se llegara intacto a puerto.
Pero no todo sucede como uno se lo imagina. Pienso que habría gente a la que se le hundiría el barco, pero harían como si no se dieran cuenta, y llegarían a puerto de cualquier manera.
Habría quien naufragaría y sería consciente de ello, y con los restos construiría una nueva embarcación para seguir adelante. Ahora bien ¿qué pedazos escogeríamos? ¿Aquellos que nos han servido pero nos han llevado a naufragar? Entonces, el barco estaría condenado a un nuevo naufragio. ¿Seríamos capaces de ver los pedazos de nuestro barco hundirse? ¿Podríamos construir un nuevo barco con piezas que no habíamos querido antes?
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