martes, 20 de septiembre de 2011

Arqueología

Este verano en las obras del AVE de la zona de la Sagrera (Barcelona), se descubrieron los restos de una villa termal de época romana.  Las autoridades, previa consulta con especialistas, han decidido documentarlas, extraer aquello de interés (un mosaico) y volverlos a sepultar.

Parece que no hemos cambiado tanto en los dos últimos milenios, pues al igual que las civilizaciones antiguas, borramos aquello que no nos parece útil. La conservación de los restos de las civilizaciones antiguas parece más la historia de una casualidad que no la historia de una necesidad: el Panteón, las termas de Diocleciano, el Hefesteon o el Partenón se conservaron porque fueron transformados en iglesias; Pompeya y Herculano  permanecen gracias a las cenizas del Vesubio;  los corrimientos de tierra en Delfos preservaron del Saqueo al auriga de Delfos. 

Quizás dentro de unos siglos, los arqueólogos que excaven los restos del AVE del siglo XXI, vuelvan a desenterrar la villa romana. Y como nosotros, quizás se sorprendan de las acciones de las civilizaciones antiguas.

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