miércoles, 31 de agosto de 2011

Tres acepciones de la palabra hogar.

Rincewind pareció avergonzado.
–Sí, pero…, bueno, es mi hogar; ¿entiendes?
–No -replicó el tendero-. Como suelo decir yo, el hogar es donde cuelgas el sombrero.
–Mmm, me parece que te equivocas -intervino Dosflores, siempre deseoso de instruir-. El lugar donde cuelgas el sombrero es un perchero. 

 Terry Pratchett, La luz fantástica.

1. Visito la casa museo de un escritor. Me pregunto si lo que veo está tal y como lo dejó su ocupante. La disposición de los  muebles podría obedecer a sus deseos, o podría ser fruto del espacio disponible, o de la casualidad. ¿Le gustarían los muebles? ¿Eso estaba allí por algún motivo en especial? ¿Alguien cambió algo? Realmente, ¿qué nos separa de lo que dejó el escritor de lo que hay ahora?
2. Voy al edificio donde vivía en Barcelona. Tengo que a ir  un despacho del primer piso, pero marco el 4 en el ascensor, la planta donde estaba mi vivienda. Me sorprendo. El piso sigue estando, pero es de otra familia, mi habitación es la de otra persona. Para mí solamente es parte de un pasado: la puerta que tantas veces abrí ahora está cerrada delante de mí.
3. Tres generaciones de una misma familia visitan el pueblo natal del abuelo. Los nietos le piden que les enseñe la casa donde nació. Ahora ya no existe, su derribo sirvió para ampliar la plaza principal. Pero el abuelo los guía hasta una de las más antiguas, una que pueda parecer su casa, y les dice que allí nació. Los nietos la observan. Ahora su casa existe en su recuerdo y en la imaginación de los más pequeños.

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