De una manera inconsciente, acostumbro a encasillar a los artistas. Los poetas componen poemas, y los pintores representan. Baudelaire escribió poesía y ejerció como crítico de arte. Lo sabía, pero no había leído nada de sus escritos sobre arte. Por eso, está resultando un descubrimiento Salones y otros escritos sobre arte (en A.Machado libros). El consabido pesimismo del autor francés se capta en sus versos, aunque podemos llegar a pensar que es cierta ficción literaria. Nos damos cuenta que no en cuanto leemos sus críticas.
En uno de sus artículos hay una reflexión sobre la belleza: Es esta una buena ocasión, en verdad, para establecer una teoría racional e histórica de lo bello, por oposición a la teoría de lo bello único y absoluto; para mostrar que lo bello es siempre, inevitablemente, de una doble composición, aunque la impresión que produce sea una; pues la dificultad de discernir los elementos variables de lo bello en la unidad de la impresión, no invalida en nada la necesidad de la variedad en su composición. Lo bello está hecho de un elemento eterno, invariable, cuya cantidad es excesivamente difícil de determinar, y de un elemento relativo, circunstancial, que será, si se quiere, por alternativa o simultáneamente, la época, la moda, la moral, la pasión. Sin este segundo elemento, que es como la envoltura divertida,centelleante, aperitiva, del dulce divino, el primer elemento sería indigestible, inapreciable, inadecuado e inapropiado a la naturaleza humana.
Me atrae la idea de esta dualidad que, -con permiso de Baudelaire- modifico para aplicarla a mi propia experiencia. ¿Qué hace que ese libro me guste tanto? Pues probablemente algo que le sea propio, pero también lo que haya significado o me haya aportado. Una película puede ser genial para muchos, pero para mí lo será por lo que me enseñó, lo que apliqué a mi vida o por la persona o personas con las que la vi. Un nocturno de Chopin será magnífico, pero para mí aún más bello por el esfuerzo que dediqué para poder tocarlo (por cierto, algo mío, relativo). Y quiero seguir sorprendiéndome por una canción que, años después de haberla oído por primera vez, me haga entender algo que me haya sucedido.
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